En el lado occidental África Central el suelo de tierra marca un camino terroso donde en otros tiempos el polvo se mezclaba con sangre. Es la ruta de los esclavos que partieron involuntariamente hacia América para no volver jamás. Al llegar a la costa se erige un marco monumental junto a algunos vestigios de cepos y cadenas para indicar la puerta del no retorno. El lugar donde las cosas jamás regresan a ser iguales. Siento que llegué a la orilla y subí en un barco sin rumbo y aunque extrañe la comodidad de lo conocido, ya estoy muy lejos de la orilla y yo no puedo regresar ni aunque pudiera. Porque el barco no retrocede en sus remos, no hay otros botes en ruta y solo mantengo un pensamiento intrusivo y rumiante, en donde salto del barco y nado con la aspiración de regresar a la orilla antes de morir ahogada. Aspirando copiosamente, rescatando por bocas y nariz el aire que se escapa, con las piernas acalambradas y las espaldas besando el suelo, sueño que sí regreso. En esta fantasía de...
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